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martes, noviembre 03, 2009

Un poco de impotencia

Foto: César Huerta/Extensión Medios


Jorge Gómez Naredo
2 de noviembre de 2009

A veces uno se queda sin palabras. Como perdido. Como huido. Como escondido en algún lugar, encerrado. A veces uno no sabe qué decir, cómo decirlo, para qué decirlo. A veces uno se cansa, y pareciera que lo dicho se queda ahí, en el olvido, y nadie lo puede rescatar. A veces uno pierde las esperanzas y piensa que el mundo no va a cambiar, que los sueños no sirven, que las utopías siempre sí fueron utopías. Que ya todo está dicho y los de abajo seguirán siempre abajo y los de arriba estarán sempiternamente arriba. A veces uno se pone triste. Se pone melancólico.

Miramos y las injusticias están ahí, no se han ido. Por más lucha que se ha hecho, por más mitin, plantón, acerbo discurso, página llena de indignación, grito, explicación, ida a protestar aquí y allá, por más rabia que se ha expresado, todo sigue igual, como si no cambiara nada, como si no hubiera movimiento. A veces uno se pone triste. Se pone melancólico.

Yo prendo la radio y las voces que salen de ella, la mayoría de las veces, dicen que hay "democracia", que estamos construyéndola, y que la debemos cuidar porque nos ha costado mucho tenerla. Enciendo el televisor, y en los canales más vistos en México (que son los de señal abierta), las personas que ahí aparecen dicen que hay democracia, y que qué bueno que exista en México, y que todos somos demócratas, iniciando por ellos, los que aparecen en las pantallas de televisión. Después, cuando temprano me pongo a leer los periódicos, siempre hay artículos que argumentan que la democracia nuestra, aunque imperfecta, es democracia, y que hay que echarla andar. Siempre me pregunto, ¿es acaso que vivimos en una democracia?, ¿verdaderamente es el gobierno del pueblo el que manda?

Yo siempre pensé que ser una persona democrática era exigir nuestros derechos, cumplir nuestras obligaciones, preocuparnos por los derechos de los demás, manifestar nuestras inconformidades, incluso salir a las calles, pedir mayor apertura a los del gobierno, buscar transparencia en el gasto público, instar a los funcionarios públicos a ser sensibles con los problemas de los demás. Pero hay muchas maneras, parece ser, de ser una verdadero "demócrata". Para buena parte de los medios de comunicación ejercer la democracia es ir a votar una vez cada tres años y después, callarse. Cuando hay elecciones, ellos, los de la mayoría de los medios de comunicación, hablan de "la fiesta de la democracia". ¿Es en realidad una "fiesta democrática"?

Hace algunas semanas fui a una marcha. En Guadalajara no suelen ser muy numerosas. Alrededor de dos mil personas es "mucha gente" para los parámetros de la ciudad. Pues bien, en esa marca éramos como unas 2,500 personas. Y protestábamos porque habían cerrado, allá, en el Centro del país, la compañía de Luz y Fuerza del Centro. En la mayoría de los medios de comunicación locales se dijo que esa marcha había "desquiciado" el tráfico, que muchos automovilistas se habían quejado y que para qué se protestaban por algo que no nos afectaba acá, en Guadalajara. Muy pocos se fijaron en las demandas de los manifestantes. ¿Acaso los que marchábamos no ejercíamos democracia?

A veces uno se pone triste, y cómo no ponerse así si uno mira alrededor y las cosas no van bien: pobreza, desigualdad, iniquidad, injusticias por todas partes, un gobierno que no mira a los de abajo y se acomoda siempre a los designios de los de arriba. Y lo peor, parecería que nada cambia. Quizá sí existan transformaciones, quizá en un futuro veremos los resultados que ahora los "inconformes de siempre" siembran. Quizá. Pero eso no impide que uno, a veces, se sienta triste. Se ponga melancólico. En esos momentos es bueno tomar fuerzas de flaqueza, y cantar (como Mercedes Sosa lo hizo en cientos de conciertos, recitando letras de Fito Páez) que no todo está perdido, que hay mucha gente que viene a ofrecer su corazón.

jgnaredo@hotmail.com

::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

miércoles, abril 15, 2009

México desde abajo

Atando cabos
Cambio de Michoacan
Javier López Osorio


Andrés Manuel López Obrador nos sigue sorprendiendo, ahora como ensayista de una realidad nacional lacerante vivida desde abajo, al recorrer dos mil 38 municipios del país; durante más de 430 días transitó por 148 mil 173 kilómetros de caminos pavimentados y de terracería, para llegar a los pueblos más apartados de México, nos dice en su texto aparecido, en cinco entregas, en el periódico La Jornada nacional.

Haciendo uso de un lenguaje directo y lleno de sentimientos de su amor por México, López Obrador nos hace partícipes de una realidad dolorosa, llena de contradicciones, pobreza y desigualdad social inocultables, dentro de un país con una vasta riqueza natural y humana. Aquí nos vuelve a compartir sus vivencias y reflexiones, ahora sobre la gran diversidad geográfica y ecosistémica, las condiciones de devastación de nuestros recursos naturales y la inhumana explotación de los trabajadores, los contrastes entre regiones, la desigualdad, la marginación, la pobreza, la alta y peligrosa corrupción gubernamental, y la vocación de trabajo y humanidad que hay en el pueblo mexicano.

Documento de primera mano, que sin perder los detalles del acontecer y con un amplio conocimiento de la historia nacional se orienta a delinear un país propio, proponiendo optimista la necesidad de “una verdadera transformación en todos los órdenes de la vida pública”, único camino para darle viabilidad histórica a esta nación. Con ello nos hace recordar el magnífico texto de Guillermo Bonfil Batalla, México profundo, integrando la visión de los de abajo, de los sin voz, en cotidiana reafirmación de su ser mexicano, surge el complemento de un proyecto civilizatorio, que sin olvidar a los indígenas incluye a una gama más amplia del pueblo mexicano, que busca reorientar la vida nacional hacia la construcción de un proyecto alternativo de nación.

En contra de aquel “México imaginario” descrito por Bonfil y asumido en la lectura que López Obrador hace del país, ubicando la figura actual de “una República aparente, simulada, falsa; que ha confiscado todos los poderes”. Considerando la presencia de una “especie de gobierno mafioso o de dictadura encubierta (que) no sólo ha nulificado la vida democrática, sino que ha causado una infame e inmoral desigualdad económica y social”.

Lo vivido en este largo camino por el México de abajo, de las mayorías, lo lleva a afirmar con visión de estadista: “La renovación (que requiere el país) tendrá que darse de abajo hacia arriba, a partir de una revolución de las conciencias, de un cambio de mentalidades, con la organización y con la participación de la gente”, donde cuenta a aquellos dos millones 200 mil ciudadanos que se han inscrito como representantes del “gobierno legítimo” y asumen su compromiso de luchar por la transformación de México. Constatando a cada paso la existencia de una gran movilidad social, que busca por muchos caminos las alternativas necesarias para lograr mejores condiciones de vida, más digna e incluyente, enarbolando una lucha desde abajo y desde la izquierda, buscando así la instauración de “una nueva República, más justa, más humana y más igualitaria”.

Municipio por municipio, región por región, López Obrador va detallando las condiciones particulares de cada lugar visitado, observando importantes consideraciones que van estructurando un plan de gobierno desde abajo (para crear “una nueva corriente de pensamiento y, al mismo tiempo, definir estrategias, objetivos y metas para evitar caer en la improvisación y echar a perder algo tan importante y verdaderamente transformador”), que imprime una visión de cómo atender las graves desigualdades presentes, con el señalamiento de importantes acciones que deben realizarse a nivel local, regional y nacional; incluyendo la agricultura, pesca, ganadería, forestal, pequeña y mediana industria, acciones en salud, educación, seguridad social, servicios básicos, medio ambiente, económicas. Bajo un verdadero proyecto transformador del país, basado principalmente en cuatro ejes fundamentales: 1.- Rescatar a las instituciones políticas del Estado; 2.- Cambiar el modelo económico; 3.- Moralizar al gobierno; y 4.- Crear una nueva corriente de pensamiento.

Es pues el desarrollo de una experiencia vital, de contacto humano que en el transcurso de más de dos años de andar, convivir y razonar nuestra realidad nacional, López Obrador nos hace partícipes de un imaginario colectivo incluyente e igualitario, alentando “un pensamiento que ayude a impedir el predominio del dinero, del engaño, de la corrupción y del afán de lucro, sobre la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo”.



::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Lic. Andrés Manuel López Obrador en 2009::

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